Ese será uno de los mayores desafíos de su gobierno. Y ocurre justo cuando Colombia, después de 10 meses de una ardua campaña electoral, entra en los 15 meses políticamente más intensos de esta década.
Mientras el nuevo Gobierno consolida sus primeros 100 días, construye el Plan Nacional de Desarrollo e impulsa sus reformas, el país ya empezó a mirar hacia las elecciones regionales y locales de octubre de 2027.
Eso significa que, durante los próximos quince meses, convivirán tres grandes competencias.
La primera será la del Gobierno Nacional, que deberá convertir una victoria electoral en una mayoría política. La segunda será la de los partidos y movimientos políticos, que comenzarán a reorganizar el mapa del poder pensando en 2027 y, desde ya, en 2030. Y la tercera será la de cientos de aspirantes que empezarán a construir sus candidaturas para gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos.
Todo ocurrirá al mismo tiempo.
Pero, en mi opinión, el mayor reto estará en otro lugar.
Abelardo no tendrá que gobernar un solo país. Tendrá que gobernar y convencer a “siete Colombias”.
- La de los abelardistas que votaron fielmente y hoy hacen parte de su proyecto político.
- La de quienes votaron por él sin ser abelardistas, porque vieron en la persona la forma de cambiar el gobierno de Petro.
En la mitad están:
- La de quienes votaron en blanco, anularon su voto o dejaron el tarjetón sin marcar, pero no tomaron decisión por ninguna de las dos opciones.
- La de quienes se abstuvieron y no salieron a votar.
- Y la de quienes todavía no pueden votar — y entre estos, una de las más importantes: la generación de jóvenes de 14 a 18 años que comenzará a llegar a las urnas durante este ciclo político y a la que muy pocos actores les están hablando.
Al otro lado, están:
- La de los petristas que seguirán defendiendo su proyecto político.
- La de quienes, sin ser petristas, ejercerán una oposición activa.
Mientras tanto, el resto del sistema político ya empezó a moverse.
En la centroderecha se abrirá una competencia para definir quién liderará ese espacio político, que buscará consolidarse más allá de la victoria presidencial.
En la otra orilla, el Pacto Histórico intentará convertirse en la gran balanza de las elecciones regionales. Ya se habla de Gustavo Petro lanzándose para la alcaldía de Bogotá, Armando Benedetti para Barranquilla, una figura fuerte para Cali y una estrategia para conquistar el mayor número posible de gobernaciones y alcaldías.
Y las otras fuerzas —partidos tradicionales y alternativos, movimientos independientes y de centro, outsiders locales— tratarán de abrirse espacio en medio de la polarización.
Las elecciones de 2027 no solo definirán quién gobernará las regiones. También empezarán a definir quién llegará con ventaja a la disputa presidencial de 2030.
Mientras unos apenas empiezan a gobernar, otros ya comenzaron a construir la siguiente elección. Quien entienda primero este tablero jugará con ventaja.
Quien lo entienda tarde, perderá terreno y poder.